Al ego le encanta cambiar el significado de las palabras.
Para ensalzar ciertas actitudes y desvirtuar otras.
Un claro ejemplo es el intercambio que hace entre humildad y arrogancia.
Piensa por un momento qué considera la sociedad acerca de ser humilde o ser arrogante.
En términos generales, la humildad se considera una virtud, mientras que la arrogancia, un defecto.
Alguien humilde reconoce sus propias limitaciones y debilidades, y actúa teniendo en cuenta ese conocimiento.
En cambio, la arrogancia está mal vista porque se asocia a un sentimiento de superioridad o desprecio hacia los demás.
Pero quiero que vayamos más allá de lo que ya conocemos.
Porque al ego, como te he comentado, le encanta desvirtuar conceptos.
Y, por ejemplo, alguien puede buscar tanto la humildad que acaba cayendo en vergüenza.
Es decir, se esconde y no se muestra tal y como es.
En cambio, alguien considerado arrogante puede que lo que muestre sea simplemente orgullo.
Es decir, que haga gala de su grandeza y se luzca ante los demás.
Aquí tenemos entonces la gran oposición entre lucirse y esconderse, brillar y apagarse, mostrarse auténtico u ocultarse tras una máscara.
Así que ahora quiero que comprendas algo.
El cambio que hace el ego del significado de las palabras está en el nivel de las causas, no en el de las consecuencias.
La forma de hablar, de vestirse, de comportarse, de comprar y de relacionarse es consecuencia de una causa.
Si te quedas en que alguien es humilde o arrogante en función de lo que percibes con los sentidos, no llegarás a la raíz.
Ahora bien, si vamos a la causa verdadera de la humildad o de la arrogancia, tenemos que hablar de nuestra relación con Dios.
Punto.
Y la gran mayoría de personas que hemos recibido una educación católica estamos en conflicto con la doctrina de la Iglesia.
Porque nos han vendido un Dios que nos vigila constantemente, castigador, caprichoso y bastante psicópata.
Y nos han inculcado a fuego el famoso:
“Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”.
“¡Hay que ser humildes! ¡Arrepentíos de vuestros pecados o arderéis en el infierno!”, claman.
La Iglesia Católica ha logrado separar a más personas de Dios de lo que aparentemente ha unido.
(Especifico la Católica porque hay otras variantes del cristianismo que realmente unen desde el amor y la razón).
Gracias al catolicismo, yo creí durante muchos años que era imposible que Dios fuera todopoderoso y todobondadoso a la vez.
Si era todopoderoso y no intervenía para evitar nuestro sufrimiento, entonces no podía ser todobondadoso.
Y si era todobondadoso y no intervenía, entonces no podía ser todopoderoso.
Esta forma de pensamiento me mantuvo en los niveles más bajos de la escala de conciencia durante mucho tiempo.
Un mundo sin Dios o con un falso dios maligno que lo gobierna solo provoca miedo y sufrimiento.
Afortunadamente, tenemos al Dr. David Hawkins que, junto con su equipo de investigación, realizó decenas de miles de calibraciones con el test muscular.
Miles y miles de observaciones realizadas:
Con distintos sujetos,
En diferentes lugares,
A lo largo de muchos años,
Con observadores independientes,
Y con controles para evitar sugestión o sesgo consciente.
La consistencia de los resultados le permitió construir la escala de conciencia y no solo eso, sino determinar la verdad vs. falsedad de determinadas afirmaciones.
Una afirmación que calibra por debajo de 200 es falsa, mientras que si está por encima es verdadera.
Por tanto, una ideología que te mantiene anclado en vergüenza, culpa, sufrimiento o miedo es falsa.
Un Curso de Milagros fue calibrado centenares de veces por el equipo del Dr. Hawkins.
No solo el texto completo, sino también frases específicas, el origen del material y el nivel de conciencia que promueve en el lector…
Y su calibración se mantuvo de forma consistente por encima de 500 (Amor).
Ahora, ¿qué explica el curso acerca de Dios y de este mundo?
Dios es un Ser Absoluto, una energía que está en TODO y en TODOS.
Dios es Amor; no es que “tenga” amor, es que no hay nada en Él que no sea amor.
Por tanto, no juzga, no castiga, no conoce el miedo ni conoce el pecado.
Dios es UNO; no existe la separación en Él.
Por tanto, nada se puede oponer a Él: no hay conflicto interno, no hay partes enfrentadas, no hay “otro”.
Dios NO CAMBIA.
Por tanto, no puede enfadarse y luego perdonar, no puede amar hoy y castigar mañana. No reacciona, porque reaccionar implicaría un cambio.
Dios es ETERNIDAD.
Por tanto, solo existe el eterno Ahora; la creación ya está completa, nada se ha perdido y nada necesita ser reparado.
En definitiva, Dios es Amor no dual, eterno, amoroso, inmutable, inocente, completo y perfectamente en paz.
De Él jamás pudo surgir el miedo, el pecado, la maldad, la separación o la culpa.
Entonces, ¿cómo es posible que nosotros sí lo experimentemos?
Por la ARROGANCIA del Hijo de Dios.
Nosotros somos Su Hijo que, en un momento de locura, decidió que quería ser el creador de su propio mundo SIN tenerlo en cuenta a Él.
Así que la única forma de crear un mundo sin nuestro Padre fue fabricar un sueño de terror.
Donde la culpa, el miedo, la enfermedad, las injusticias, las guerras, la pobreza y la muerte existen.
Arrogante es querer ser algo diferente a lo que Dios hizo de nosotros.
Arrogante es identificarnos con la pequeñez del ego.
Y el ego quiere que creamos que somos seres separados, carentes, vulnerables y culpables.
Quiere que creamos que somos un cuerpo débil, limitado, imperfecto y que tiene “poder” propio para dirigirnos.
Quiere que creamos que estamos solos, que podemos perder y que podemos morir.
Si de verdad quieres ser humilde en la vida, debes reconocer que eres TAL Y COMO DIOS TE CREÓ.
Reconoce tu poder, tu grandeza, tu vida eterna, tu perfección, tu inocencia y tu santidad.
Si quieres ser realmente arrogante, sigue creyendo que eres un mierdecilla, una víctima, un pobrecito y un desgraciado.
Quédate con esto: DIOS NOS DIO TODO A TODOS POR IGUAL.
No hizo regateos ni dio más a unos que a otros.
No eres el hijo tonto de Dios.
Pero si hay una parte de ti que lo cree y se resiste a ver su propia grandeza, apúntate al Dojo del Alma.
Cada semana te ponemos a punto para que no caigas en las trampas del ego y recuerdes quién eres en realidad.
Con amor, Sara y Eduardo
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